La Costa Blanca alicantina, un tesoro que debes conocer

Calpe

Frecuentemente tenemos la tendencia a idealizar lugares que están muy lejos del sitio donde vivimos, sin tener en cuenta que hay quien hace exactamente lo contrario y considera idílicos, lugares que tenemos a pocos minutos de casa. Tenemos la inmensa suerte de tener la Costa Blanca a tiro de piedra. Una sucesión de playas en las que poder disfrutar de la naturaleza y de la vida sana sin nada que envidiar a las más exclusivas, caras y lejanas del planeta y sin salir de la «millor terreta del mon».

Las repasamos por orden alfabético:

ALTEA

Todos conocemos la cúpula y de las callejuelas empedradas que conforman uno de los cascos históricos más fotogénicos de la costa alicantina. Lo que quizás sea menos conocido es la retahíla de playas y calas del municipio. Dejando el pueblo atrás y dirigiéndonos hacia la zona del Cap Negret a través de un agradable paseo en el que no daremos con dos casas iguales, nos topamos con la Cala del Soio, un rincón de roca que descansa junto al chiringuito El Portet. Y pasada la playa de la Olla, donde tampoco faltan los lugares en los que pedir unos chopitos o una ración de sardinas (también hay una zona apta para el baño con perros) siguen otras dos con encanto: La Barreta de Gualda junto al Club Náutico Campomanes y los espectaculares fondos de la playa del Mascarat.

BENIDORM

Benidorm tiene la mala fama del turismo masificado, es verdad, pero si nos tomamos la molestia de investigar un poco, nos encontraremos con La Cala Tio Ximo y la menos accesible Cala Almadrava son dos recovecos excavados en piedra (toca renunciar a la arena fina) que apenas alcanzan los 100 metros de longitud. Aguas claras y un paisaje natural ubicado a los pies de la Sierra Helada que nos permitirán cambiar el bullicio y los vertiginosos rascacielos por un estado (casi) zen.

BENITACHELL

A apenas 20 minutos de Jávea o Moraira se despliegan los encantos de Benitachell. Y aunque El Moraig es su cala más famosa por motivos evidentes, es Los Tiestos el escondite recomedable. Llegar hasta sus aguas no es fácil y tendrás que ganártelo deslizándote por sus escarpadas paredes con la ayuda de una cuerda que ejerce de pasamanos (así que mejor deja la silla y la nevera en casa). Eso sí, en cuanto plantes la toalla y caigas en la cuenta del silencio que te envuelve, habrá merecido la pena.

CALPE

El Peñón de Ifach no sólo parte la costa en dos, también separa a los turistas entre quienes prefieren La Fossa o el Arenal-Bol, sus dos principales playas de arena. Sin embargo, surgen pequeñas calas alejadas de la masa que guardan con recelo otro tipo de encanto. La Manzanera es una de ellas. Quienes la han visitado lo han hecho atraídos por la geometría y el color que desprende el icónico bloque de apartamentos, obra de Ricardo Boffil, que corona la cala desde los años 70. Más allá de este paraíso confeso para ‘instagramers’, La Manzanera es una cala de líneas sencillas, eso sí, con una perspectiva envidiable del peñón. Y si prefieres un baño a los pies de la gran roca, puedes hacerlo en la cala el Racó, otro enclave más que recomendable.

CAMPELLO

No se nos ocurre mejor razón para serle infiel a las playas doradas de Campello que la Cala del Morro Blanc. Más conocida como Coveta Fumá, sus aguas transparentes y los preciosos atardeceres que brinda son el mejor reclamo para los vecinos de la zona. Además, si la bordeamos llegaremos hasta un coqueto rincón adornado con sombrillas y una pequeña escalera que desciende al mar para hacernos el baño más fácil. Se encuentra a apenas 700 metros de la parada de tren con la que comparte nombre y la primera impresión es compartida: quien prueba, repite.

EL ALBIR

Recorrer los 2,5 kilómetros de sendero hasta alcanzar el Faro del Albir debería encabezar la lista de planes de todo aquel que ponga un pie en la Costa Blanca. Además, tiene truco: al poco de comenzar esta ruta, tras pasar la zona de picnic, nace un camino que desciende hasta la Cala del Metge. Agudizaremos los sentidos (aviso a los más torpes) hasta poder tostarnos sobre sus planchas de roca o canto rodado. Vistas privilegiadas de Altea y la Sierra Bernia, barcos fondeados y aguas perfectas para hacer ‘snorkel’.

JÁVEA

Estando rodeada por Cala Blanca, La Granadella o Cala Ambolo, corre el peligro de pasarnos desapercibida. Pero, La Barraca (también conocida como Portixol y situada entre Cap Prim y Cap Negre) tiene todo lo que podríamos pedirle a un refugio de costa: aguas cristalinas, un chiringuito donde se come un pescado de muerte, casitas encaladas de puertas azules para llevarnos una foto de recuerdo, un fondo marino perfecto para bucear y una belleza accidental tan maravillosa que será complicado despegarse de su orilla.

TORREVIEJA

El punto salvaje lo pone Cala Ferris. Puede que su combinación de arena, roca y desnivel no la conviertan en el baño más cómodo, pero es precisamente aquí donde reside su encanto. Un oasis con acento alicantino donde las esbeltas palmeras y las suaves dunas se llevan todo el foco. Quienes la incluyen entre sus favoritas dicen que es el lugar perfecto para dar un paseo y desconectar así que ya sabes: si eres más de libro que de chapotear, éste es tu lugar.

VILLAJOYOSA

Si preguntas a cualquier ‘vilero’ te dirá que sus playas de arena resguardadas por edificios de colores no tienen nada que envidiarle a las vecinas de Benidorm. Y razón no les falta, aunque si el objetivo es escapar de la masificación, mejor decantarse por sus numerosas alternativas de piedra: la nudista Racó del Conill, la (perfecta para campistas) playa del Torres, la más tranquila playa de La Caleta… Y la favorita de Bio Radio: la playa del Bol Nou. Un punto y aparte acomodado entre paredes que nace donde termina la playa del Paraíso. Una cerveza en su chiringuito y no habrá quien te saque de ahí, prometido.

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